Creación estética, símbolos e identidad.
- 8 feb 2016
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Fotografía: Candi Moncada 11/03/13. Caracas - Venezuela
La creación estética -como hoy la consumimos- encuentra su sentido en el momento en que se encarga de legitimar y darle posición a formas y modelos de venta, productos consumibles que generen ganancias y den movimiento al mercado; ropa, calzado, peinados, fragancias, sonidos y hasta códigos lingüísticos son algunos de los medios de los que se vale, para motorizar ese mercado de venta, compra y desecho.
En una sociedad capitalista, que borra de a poco nuestras particularidades y que genera estilos que con la globalización de la información viaja por el mundo de manera increíblemente veloz, sin lugar a dudas tiene a su favor el mejor de los escenarios para que distorsiones en la utilidad de la creación como éstas se produzcan.
Vemos cómo nos desplazamos en medio de una guerra, la que llaman “no convencional”, ya no son las armas ni las bombas las que abundan, son ritmos, marcas, estilos impuestos, pero a los que no oponemos resistencia y que per mean de a poco en nuestra vida y formas de existencia, al nivel de moldear hasta nuestra forma de educar.
Los símbolos son muchos, belleza exuberante y desproporcionada, sexualidad, la mujer como cosa y medio de publicidad para vender, el hombre como símbolo de rudeza, dominación sobre la fémina, virilidad y con poca o inexistente sensibilidad, los niños y niñas como el objetivo más fácil de bombardear, con juguetes desechables de personajes que mantienen luchas entre sí y que aportan solo antivalores de continua competencia, superioridad racial, violencia infinita, bajo la excusa de la protección a los humanos. Muñecas que inoculan medidas irracionales estableciendo una falsa estética que se mantiene a base de maquillaje y lujosas casas con piscinas y jacuzzis.
En definitiva hay unos símbolos globales que mantienen el liderato de lo que nos llega como creación y como estética y que irremediablemente afectan nuestros propios trabajos creativos, necesario es hacer conciencia de ésta realidad para así poder contrarestarla, usando como herramienta fundamental la identidad real de nuestro ser, identidad que sí tenemos y que no se ha perdido del todo, que vive en la tradición oral de nuestros padres y abuelos, en las expresiones musicales y su utilidad en el quehacer diario de las faenas del campo, en los sabores más sencillos pero más autóctonos, producto de nuestra tierra fértil y dadora de vida, está también en la forma de relacionarnos, de convivir, de solidarizarnos en colectivo, de crear la juntadera y producir grandes cosas en conjunto.


































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