Leer es como hacer un dibujo
- 18 abr 2016
- 5 Min. de lectura

Mucho nos han hablado sobre la lectura, sobre aprender a leer. Desde el casi torturador libro Angelito hasta hoy, no parece haber alguien que haya logrado enamorar a un potencial lector sólo por su virtuosidad al escribir, hay algo más que se debe conjugar para que el acto de leer sea realmente productivo. La lectura requiere un esfuerzo para hacerse correctamente y entender, no leer por leer como un asunto casi automático, como leer la dirección de la camionetica o las cualidades del producto que queremos adquirir, leer tiene elementos, algunos del escritor y otros del lector que crean el escenario perfecto para que esta conexión se presente, trataré así en las siguientes líneas plasmar los que a mi parecer poseen el mayor valor.
El lector como intérprete
No hay nada que alimente más la imaginación y nos lleve a mundos y realidades que conscientemente ni sabíamos que existían, que ser espectador una lectura bien hecha, bien entonada, incluso si uno mismo es el que la interpreta. La lectura en voz alta permite que te adueñes del texto, de la historia, escoger el mejor tono de voz, diferenciar las voces de los personajes le proporciona cuerpo a cada uno de ellos, una personalidad, los hace ocupar más que un nombre y unas cuantas líneas en un texto, un espacio en la imaginación, una forma particular, una onda sonora, así la historia traspasa los límites de las letras y se convierte en palabra vívida, palpable -por lo menos en nuestra imaginación- alimentando así ese mundo que la sociedad capitalista quiere dejes de crear, quiere dejes morir y lo sepultes junto a tus ganas de modificar los consensos establecidos. El que sabe leer en voz alta pasó primero por ser un espectador de buenos lectores, esa tonalidad, emocionalidad, intención de pausas y propósito de proyección de voz en mayor o menor medida no es algo que el texto diga -a excepción de los guiones teatrales, que poseen ciertas guías de lectura- es algo que se aprende, sí, pero solo en la medida en que se está expuesto a buenos lectores, el que sabe interpretar también aprendió a escuchar y oyendo obtuvo la perspicacia al momento de aplicar lo que oyó.
La lectura como fuente generadora
Se escucha siempre esa frase -en múltiples versiones pero con una única esencia- “lea para que aprenda”, se toma los libros como un templo del conocimiento, como la cumbre del saber, lo que esas páginas contienen son ley perpetua y no existe un más allá, nadie te dice cuando lees que también puedes escribir, poco se dice sobre la capacidad de ese lector de ser también un creador, un creador a partir de lo que consigue en esos textos y de sus reflexiones, de las preguntas y sobre todo de las respuestas que ese lector se efectúa en el largo camino de la lectura bien hecha, en sus tres momentos, de análisis, síntesis y crítica, algunos exponen que para completar tal acto de forma excepcional, debe realizarse un total de 3 lecturas mínimas -incluso hay textos que requieren muchas más- en las que los tres momentos deben consumarse, es un proceso inseparable e inalterable en su orden ya que por separado sólo significarían esfuerzos inútiles que provocarían la pérdida de la orientación y el sentido del análisis.
La lectura puede también generar nuevos espacios, tiene la capacidad de crear realidades que serán ricas en detalles y formas, según lo llenas de ellas este la imaginación del intérprete y del espectador, cada imagen producida a partir de una frase, vendrá nutrida por el banco de asociaciones que origine la fantasía de la lectura, asimismo serán particular y únicas.
La lectura crea conexiones con recuerdos, lugares, aromas y sensaciones, activa la capacidad sensorial a partir de la palabra, es la combinación que apertura una bóveda infinita de memorias, algunas de ellas ya creídas en el olvido. Además de todo tiene la virtud de asociarlas y propiciar entornos donde somos libres, libres de poner el cielo del color que queramos, de hacer que llueva orquídeas en lugar de gotas de agua, donde leer “arepa de caraota con queso” nos haga agua la boca y aperture de inmediato el apetito.
El ocio y la lectura
Aunque mayormente la lectura se da por obligación, existen extrañas personas a las que en su tiempo de ocio les gusta leer. El acercamiento que casi todos hemos tenido a la literatura, ha tenido el denominador común de ser frustrante, aburrido incluso castrador en muchos casos, ya que en nuestros sistemas de educación se enseña a memorizar, “léanse tal capítulo y en la próxima clase hay examen” es una frase ya más que trillada de nuestros docentes, está demás decir que esta asociación lectura y examen le resta de un sopetón todo lo que ese texto tenía para ofrecer.
Recuerdo que mi maestra de 4to grado nos inició a la lectura por medio del libro “Platero y Yo” de Juan Ramón Jiménez, lo recuerdo pequeño, con hojas débiles y envejecidas, con una sencilla ilustración en su portada era un carismático burro blanco con los brazos de su amo sobre su cuello, de fondo tenía un paisaje compuesto por un arcoíris, flores, nubes y un sol. La imagen viene a mí de forma casi perfecta -a pesar del tiempo que ha pasado desde entonces- y es porque fue un libro que con su sencillez, creó un lazo entre ese pequeño burro y yo, recuerdo haber llorado inconsolablemente al llegar la muerte de ese bello burro blanco, que parecía no tener huesos de lo suave y blando que era. Incluso hoy 15 años después hay sensibilidades y emociones que se activan sólo al hurgar en esa bóveda de recuerdos. Esa es una de las virtudes más hermosas de la lectura.
Le preguntaba a mi hijo de 5 años, que entendía él por la palabra leer y entre varias respuestas que pudo darme, la que más me conectó fue “leer es como hacer un dibujo”. Buscándole una explicación más profunda, que la que él dentro de su inocencia y espontaneidad quiso infundirle a su frase, me senté a reflexionar; para dibujar bien se debe saber de técnicas, de tipos de dibujo (retrato, paisaje, bodegones) pero también debe haber un vínculo con la gestualidad del artista, con sentimientos, memorias y finalmente la creación, que no es más que la interpretación crítica, embellecida, cargada profundamente por las emociones del creador y ejercitando la imaginación, me atrevería a crear asociaciones entre ambas actividades. Para poder leer bien, debemos saber de técnicas y pasos, eso de leer varias veces y diferenciar los tres momentos (análisis, síntesis y crítica), debemos saber los tipos de lectura o géneros literarios para ubicarnos correctamente en el tipo de abordaje que le daremos al texto y finalmente la creación cargada de toda nuestra interpretación personal, producto de esa lectura y de nuestra bóveda de recuerdos, conocimiento nuevo, un nuevo texto, una crítica o simplemente una nueva realidad. Siendo así entonces sí, leer es como hacer un dibujo.
Candi Vanessa Moncada Alvarado.


































Comentarios